Supersubmarina: Un “vistacito” a sus guiños literarios

Que los acordes del principio de Para dormir cuando no estés son idénticos a los de Boca en la tierra de Vetusta Morla es un hecho que hasta los sordos pueden constatar. Que Jose Chino —guitarra, voz y letrista de Supersubmarina— se nutre de lo que lee para condimentar las canciones del grupo es una conclusión que se extrae tras algunas escuchas del disco «Viento de cara».

El tercer álbum de los jinenses arranca con un tema a medio tiempo de guitarras poderosas, cuya letra no puede pasar desapercibida para los entusiastas de la Generación del 27. «Rayo que no cesa, mar en calma. Faro entre la niebla, viento de cara». Lectores, sabed que El Rayo que no cesa es el título de uno de los libros de Miguel Hernández. El guiño parece evidente. Anecdóticamente, entre la obra de Hernández también se encuentra el poemario Viento del pueblo, y dentro de este, poemas tan emblemáticos como «Aceituneros (Andaluces de Jaén)». Como todo hijo de familia trabajadora, Jose Chino empezó a formar su currículo recogiendo aceitunas antes de subirse a un escenario. ¿Interesante, no?

Prosiguiendo con la letra de la canción, topamos con la luna plateada. «La luna se asoma y parece de plata, el sol le hace frente al llegar la mañana». Si suponemos que Chino nos cuenta lo mismo que contó Federico García Lorca en La luna asoma, entendemos que es después de las horas de sol que el poeta acontece poeta: cuando aparece la luna, la poesía lo ocupa todo y revela cosas que de día son imposibles de ver. El poeta granaíno lo expresó así:

Cuando sale la luna

se pierden las campanas

y aparecen las sendas

impenetrables.

Cuando sale la luna,

el mar cubre la tierra

y el corazón se siente

isla en el infinito.

Nadie come naranjas

bajo la luna llena.

Es preciso comer

fruta verde y helada.

Cuando sale la luna

de cien rostros iguales,

la moneda de plata

solloza en el bolsillo.

Aterrizando en la cuarta canción del disco, confesaremos que no habríamos reparado en la veraniega Arena y sal si no hubiera sido por el estribillo manriqueño que presenta: «Ríos que van a parar siempre al mar, no volverán. Somos igual, por favor, no me sueltes jamás». Manriqueño, sí, de ese poeta que nos horrorizaba tanto en la ESO con las coplas a la muerte de su padre y del cual aprendimos el tópico del vita flumen (la vida como un río).

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en el mar,

que es el morir;

[…]

Nuestra siguiente parada se da casi en el ecuador del disco, en el estribillo de esa canción lenta que titularon Extrema debilidad y que probablemente pronto quede olvidada, tanto para los fans como para el grupo. «Extrema debilidad, que cada noche me desvela y me devuelve a la realidad. Hasta la sangre se me hiela, lo llena todo de oscuridad y me condena a “Cien años de soledad”». ¿Puede ser más clara la referencia a esta obra maestra de la literatura hispanoamericana? Seguro que García Márquez nunca imaginó que un baezano de menos de 30 años tendría en cuenta su novela para algo más que leerla… Pero la cosa no acaba aquí, porque a medida que avanza la canción y se mezcla la voz de Chino con la de los coros, aparece, casi escondida, una nueva alusión literaria: «Extrema debilidad, que cada noche me desvela y me devuelve a la realidad. Hasta la sangre se me hiela, lo llena todo de oscuridad y me condena a “Cien años de soledad”. Agrava mi enfermedad, la pulsación se paraliza, la sangre deja de circular. Hasta que un día no resista, hasta que un día no pueda más. Hasta que “En el camino” encuentre algún final». “En el camino”, entrecomillado en el librito de letras de canciones de «Viento de cara». En el camino, novela de Jack Kerouac y uno de los clásicos más influyentes del pasado siglo —que no El camino de Miguel Delibes, como se había creído anteriormente—. No sabemos si en On the road (título original) Chino encontrará algún final, pero por lo que a nosotros respecta, revestiremos la mítica frase de T. S. Eliot y concluiremos que los artistas malos, estropean lo que roban; mientras que los buenos lo convierten en algo mejor.

Escrito por: Antònia Fontirroig

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