De Egon Soda a Javier Marías, con admiración

“La música en español no la aguanto” (J. Marías, mayo de 2009)

Aquí donde me leen, con estos articulitos de poca monta relacionados con lo que queremos entender por indie, soy una fiel seguidora del insigne Javier Marías, quien además de escritor, editor y traductor, también publica periódicamente artículos en El País Semanal (Marías es un prosista extraordinario y los artículos a los que me refiero son una ratificación de lo que les digo); y si algo tenemos en común Ferran Pontón y yo es que no nos perdemos ni una sola de las columnas del novelista. En ellas Marías suele expresar la vergüenza, el disgusto y el enojo que le producen la irresponsabilidad e ineptitud de los políticos, la sumisión y la deliberada idiotización de la sociedad, las vicisitudes de la creación artística y hasta las reformas ortográficas de la RAE (institución de la cual, por cierto, él forma parte como académico). No recurre a zarandajas al hablar sobre casi todo lo humano, ni escurre el bulto al abordar asuntos de política, de economía o de religión, incluso se muestra muy crítico en el ámbito deportivo como aficionado del Real Madrid.

Con esa prosa elegante que lo caracteriza, Marías escribe su opinión acerca de lo que lo rodea, con la que uno podrá estar o no de acuerdo, pero lo que no se le podrá negar jamás es que sus artículos están sobre todo cargados de muchos conocimientos y un agudo sentido del humor, armas fundamentales para combatir la estupidez de la que habla.

En su larga trayectoria como articulista, no son pocos los párrafos que ha dedicado a expresar su desagrado hacia lo que se suele llamar «arte contemporáneo», es decir —a grandes rasgos— el producido entre 1965 y la actualidad. Asimismo, el descontento con sus coetáneos se extiende también al cine, a la pintura, a la música e incluso a su propio campo, la literatura. A estas alturas, hasta Marlene, la vecina del ártico, se habrá enterado que Marías no lee a sus contemporáneos porque le parece una pérdida de tiempo o que acelera el paso cuando llega a ciertas salas de museo porque no le es grato contemplar lo que en ellas se exhibe, es decir, demasiadas obras lisas como el futuro y casi ninguna rugosa como el pasado, por usar las mismas palabras que el escritor.

Con semejante historial colérico hay quienes lo tildan de exigente y quienes lo acusan de fanfarrón. Este último no es mi caso ni el de Pontón (por si no lo he dicho, Pontón es uno de los componentes de la banda Egon Soda). En su Vals de pequeña mecánica el grupo barcelonés canta «desayuno nicotina para arrancar esta vieja máquina ya, y quiero mejorar, y quiero que Javier Marías esté orgulloso de este orangután». Ahí aparece nuestro escritor, en un guiño sintomático de fascinación, un guiño que no deja de ser una broma desde la más absoluta admiración. ¿Se imaginan que algún día Marías elogiara el trabajo de un grupo indie de pop en castellano? Ustedes no. Y yo tampoco.

Antònia Fontirroig

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